Nuestro contacto con el mundo canino comienza de una manera muy usual, a finales de los 90 nuestro hijo Carlos pidió a los Reyes un cachorro y después de consultar numerosas fuentes se decidió que fuera una carlino.
La llegada de “Turbo” nuestro primer carlino fue una gran alegría. Siempre habíamos tenido animales, pero ninguno comparable a un perro. Posteriormente vinieron otros carlinos a nuestra casa y empezamos a movernos por exposiciones. Por diversos motivos dejamos Madrid capital para trasladarnos a una urbanización de Villanueva de la Cañada donde disponemos de unas condiciones más favorables para criar carlinos.
|